Münster 2006

3 de Noviembre de 2006   |     |   Comparte este Artículo
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Münster es recordada con cariño por todos aquellos que aborrecen las ciudades con hilo musical de lubricante y gasolina sin plomo. Una media de 100.000 bicicletas al día circulan por sus calles. Los carriles-bici han sido reemplazados por carreteras-bici, y junto a ellas, paseos peatonales te llevan a cualquier parte de la ciudad. Quizá gracias a la falta de gases de combustión, puede gozarse de dorados atardeceres.

Su Altstadt, de algo más de 1 km2, puede visitarse fácilmente a pie. Si lo haces en bicicleta no tendrás problema de aparcamiento; cientos de parkings para bicis están repartidos por la ciudad, y si el aparcamiento está lleno puedes seguir el ejemplo de sus habitantes: dejar la bicicleta apoyada en el primer sitio libre que no moleste y hacer tus cosas (el robo de bicicletas no parece ser un problema aquí).

La parte antigua de la ciudad está rodeada por el Promenade, un ajardinado paseo de 4,8 km salpicado de arbolados rincones donde pasar un rato tranquilo. No cuesta acostumbrarse, aunque es extraño, para alguien de una ciudad como Barcelona, no escuchar el rugido de los coches, y es imposible no pensar por qué no son así todas las ciudades.

Siguiendo el Promenade hacia el suroeste, cerca de Am Stadtgraben y junto a Adenauralee, se encuentra el lago Aasee, donde, si llegas con buen tiempo, podrás ver como los habitantes de la ciudad practican vela, windsurf y picnics a tutiplen.

Junto al lago, en Bismarckallee 31 se encuentra el Albergue DJH, con dobles compartidas a 21€ y dobles a 56€. Si el DJH está lleno y ya es demasiado tarde para dar vueltas por la ciudad buscando un lugar económico para dormir, puedes probar en el Hotel Agora (cerca Bismarckallee con Am Stadtgraben) por 63€ en una individual con desayuno. Al norte de la Hauptbahnhof, entre Winkelstr y Eisenbahnstr, pregunta por la económica Sleep-Station. Si está completa prueba en los hoteles que hay tras la estación, en Bremer Str, donde puedes encontrar habitaciones entre 30€ y 50€ dependiendo de las comodidades (TV, baño privado o compartido, ducha…).

Puedes empezar la visita de la Altstadt en la Domplatz. Las grandes torres de 110 metros del Dom St Paul dominan la zona y los cuidadosamente esculpidos Apóstoles miran a los transeúntes desde el portal Paraíso. Si lo cruzas, te recibirá el patrón de los viajeros, San Cristobal, reencarnado en una estatua de 5 metros de altura. Pero lo más impresionante del Dom se encuentra en el deambulatorio (a la derecha mirando hacia el altar). Es el reloj astronómico; un mecanismo de la época medieval que muestra la hora, la posición del Sol y de los 5 planetas conocidos en aquella época, la fase lunar, el número del día, el día de la semana, el mes y la fiesta a celebrar. Una maravilla de la mecánica que fue modificada, de nuevo maravillosamente, tras el cambio de cómputo que implicaba el calendario gregoriano. La virgen sostiene al niño Jesús y lo muestra a la gente que se encarama en el balcón para verlo. En los flancos cuatro figuras marcan el paso del tiempo cada cuarto de hora. A la izquierda un hombre sostiene una trompeta y su esposa le acompaña tocando una campana. A la derecha el Dios Cronos, con unas postizas alas angelicales, gira un reloj de arena y la Muerte se hace presente también con un tañido de campana. Si te pilla el atardecer aquí va un truco: a la izquierda del calendario circular hay dos interruptores, el superior ilumina el reloj.

Al salir del Dom cruza Domgasse. Puedes parar y comer un gigantesco Hot Dog Special y continuar hasta la iglesia de St Lamberti. De su torre cuelgan tres jaulas que contuvieron, para dar ejemplo, los cadáveres del líder Anabaptista Jan van Leiden y sus dos hombres de confianza. Los anabaptistas tenían la intención de abolir el dinero, instaurar la poligamia y abogaba por el bautismo de los adultos creyentes pues creían que el bautismo infantil no era verdadero acto de fe sino una obligación. La cosa no sonaba nada mal y tenía su lógica, así que el príncipe obispo de la zona los capturó, torturó en público con tenazas al rojo vivo y los colgó de la torre de St Lamberti como advertencia a todo aquel que pensara en hacerse protestante.

Desde allí, por Prinzipalmarkt, pasarás frente al Rathaus. En este edificio se firmó la Paz de Westfalia en 1648 dando fin a la Guerra de los Treinta Años.

Más adelante gira a la izquierda en Königsstrasse para llegar al Graphikmuseum Pablo Picasso, donde se exponen 800 litografías de forma rotativa. En su terraza interior puedes tomar un aceptable Latte Machiato. Si viajas sólo y quieres conversación este es un buen sitio para encontrarla. La terraza suele estar llena y siempre hay gente en busca de una mesa; ofréceles sentarse contigo y tendrás tertulia cafetera.

  1. En cuanto vea tiempo suficiente empezaré un artículo al Reloj Astronómico de la Catedral de Münster.

    Comentario por potaje — 20 Noviembre 2006 #

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